Había
una vez una familia: el padre, la madre, la hija y el hijo, que vivían
en una ciudad muy grande donde todas las personas que vivían allí
tenían siempre mucho trabajo y nunca podían ayudar a nadie.

Unas
navidades, Mario, el padre de la familia, no había recibido la paga
extra de Navidad, por lo que no tenía dinero para comprar los regalos
de Navidad para su familia. Paseando por la ciudad, pensando en su
problema, se encontró a una anciana cargada de bolsas de la compra e
intentando cruzar la calle, Mario la ayudó. Estuvo algunos días
ayudando a aquella anciana: haciéndole la compra, llevándola al médico,
paseando con ella, arreglándole las plantas, ayudándole a planchar,
haciéndole la comida, decorando el árbol de navidad... Hacía todo lo
que ella le pedía porque la veía muy sola. Uno de esos días , hablando
con la anciana, le contó que él estaba muy triste porque no tenía
dinero para comprar los regalos de navidad. La anciana, que tenía mucho
dinero, decidió comprar regalos para la familia de Mario. Convenció a
éste para que escribiera una lista con los regalos que quería comprar,
ya que como las navidades son mágicas nunca se sabe lo que puede
ocurrir.

Mario pensó que era una tontería pero como la anciana insistía, decidió
escribir esa lista con todo aquello que haría feliz a su mujer y
a sus hijos.

El día de Navidad, por la mañana, se despertó muy triste pensando en su
familia. En ese momento, llamaron al timbre de la puerta y su familia
empezó a bajar por las escaleras. Cuando abrió la puerta había un
montón de regalos y una nota que decía:

"Felices Navidades, al igual que tú me has hecho tan feliz con tu
compañía durante estos días yo deseo que también tú y tu familia seáis
felices. Mario, la ilusión nunca se pierde."

Mario se puso muy contento y fue a buscar a la anciana que estaba sola
en la casa. Ese día comieron todos juntos en casa de Mario, y otras
muchas Navidades las pasasron juntos como una gran familia.

Marta Delgado Cuesta 6ºB